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CAPÍTULO 4. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS
Respecto de la subutilización, en algunos casos la aprobación de los programas es reciente y
normalmente el mercado tarda en reaccionar de manera masiva, adicionalmente a la ocupa-
ción simultánea de las reservas que ya cuentan con un estatus de urbanizables.
Por otra parte, las zonas metropolitanas frecuentemente se conforman por diferentes juris-
dicciones con atribuciones exclusivas en materia de desarrollo urbano, por lo que de manera
independiente pueden aprobar zonas para crecimiento desconectadas de una visión metro-
politana integral. Si bien algunas leyes locales establecen que los planes o programas de
desarrollo urbano municipales deben guardar congruencia con los de zonas conurbadas o
metropolitanas, la debilidad de las instituciones, así como la falta de sanciones no ha permiti-
do la plena aplicación de este principio.
Asimismo, la presencia de actores e intereses varía dependiendo de las diferentes zonas de la
ciudad. Es decir que mientras en las periferias los actores se reducen prácticamente a los pro-
pietarios, desarrolladores y autoridades, en las zonas centrales se multiplican en propietarios,
asociaciones vecinales y gremiales, cámaras, organizaciones de la sociedad civil, autoridades,
entre otros. En el primer caso, la ocupación del territorio es más expedita, sin embrago pa-
ra el segundo se requieren de instrumentos efectivos de participación ciudadana, estrategias
de negociación, compensaciones, exacciones, mitigación de impactos, etc., lo que consume
recursos y sobre todo tiempo.
4.2 Recomendaciones de política pública
Existen una serie de esfuerzos y experiencias tanto a nivel nacional como internacional que
pueden resultar útiles como referencias para el diseño de instrumentos que se adecuen al
contexto de los municipios y zonas metropolitanas en México. A continuación se presenta
una revisión de dichos esfuerzos así como una propuesta de políticas públicas específicas
para el contexto mexicano derivadas del presente estudio.
4.2.1 La experiencia internacional.
El fenómeno de la dispersión y segregación socioespacial no es exclusivo de México y los
esfuerzos para lograr ciudades más compactas e incluyentes se han presentado en diver-
sos países, tanto centrales como emergentes. Lo anterior se ha traducido en una serie de
instrumentos que se pueden agrupar en: instrumentos de financiamiento de infraestructura y
mitigación de impactos y en instrumentos de inclusión cuyo objetivo es disminuir la segrega-
ción socioespacial y contribuir a mejores localizaciones para la vivienda social. En varios casos,
existen instrumentos que combinan más de uno de los objetivos o finalidades mencionados.
Dentro del primer grupo, destaca la elaboración de planes de desarrollo urbano bajo una visión
de crecimiento inteligente o Smart Growth, por su nombre en inglés, que consiste en una serie
de estrategias que buscan, incrementar las densidades, mezclas de usos y estratos, fomentar
la movilidad sustentable y contener el crecimiento horizontal, entre otros aspectos [43]. Se
ha empleado de manera particular en los Estados Unidos y depende de elementos como la
voluntad política, instituciones consolidadas y acuerdos sociales. Dos de los ejemplos más
difundidos es la ciudad de Portland, Oregon, y algunas zonas de San Francisco, California,
ambos casos en Estados Unidos. Por otra parte, es común encontrar bonos de densidad u
otros incentivos económicos que ayudan a lograr los objetivos de una ciudad inteligente.
Un par de ejemplos de inducción de conductas es el empleo de un impuesto predial diferencia-
do, es decir, con una gran carga en el valor del suelo y una pequeña en el de la construcción,
en el caso del estado de Pensilvania en Estados Unidos y el Impuesto sobre la Propiedad
Territorial Urbana (IPTU) en Brasil que se aplica de manera progresiva en el tiempo a los te-
rrenos vacantes [44]. Para el primer caso, existe evidencia empírica de que ha inducido un
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